Fugar

De niña me gustaba jugar en el bocho verde de mi abuela.,era verde oscuro pero brillante con el sol. Lo tenía estacionado siempre en el patio de enfrente junto a sus macetas de cerámica, parecía que todo era de cerámica como cualquier patio de las infancias mexicanas. Me sentaba en el asiento del conductor y me hacía llamar taxista. En ese tiempo los taxis de la ciudad eran de un color similar y una de mis personas favoritas, acababa de presentar su libro «Crónicas de los taxistas» en Bellas Artes. Pensaba que la vida era así; pensaba que vivir era como estar conduciendo, de un lado a otro, yendo y viniendo, acercando o alejando a personas, permitiendo a la gente conocer sitios diferentes y vivir aventuras… Fantaseaba en arrancar un día y fugarme… a vivir las historias que inventaba.


Hace algunos años, no recuerdo bien, creo que tenía unos 23 años, decidí enamorarme, lo decidí, no es algo tonto decirlo. Me enamoré porque no soy tonta y por eso no me enamoro de hombres tontos, al contrario, me enamoro de hombres que lloran, hombres que no sólo visten de negro. Los cuerpos de los hombres de los que me enamoro entran en mi cuerpo y mi cuerpo se hace doble. Ellos y los escritores como Nabokov piensan que mi cuerpo se doblega, pero no es cierto, lo que ocurre es que mi cuerpo se duplica.
Cuando tenía 23, ahora creo que 24 años me enamoré de un escritor español . Y entonces le escribí este fragmento sobre mi infancia, le escribía todo lo que iba sintiendo, en realidad. Porque creo que la infancia es un factor determinante de lo que somos ahora y, por eso decidí contarle de cuando me sentí taxista. Quería expresarle un momento, una nostalgia de mi pasado.

Porque cuando me enamoro quiero que sepan de dónde vengo y con ello se me hinchan los pezones. Se me inflaman los labios. Se me abren los ojos. Y me crece el pelo, me crecen las ideas, las uñas, las opiniones, los lunares, las ilusiones y las certezas. Corro al mercado Hidalgo y compro fruta y flores, me gustan las flores moradas. Me gusta vestir de morado cuando me enamoro, y entonces acorto todos los bajos de mis faldas y rajo mis medias, subo las escaleras de mi casa arriba y abajo como si toda yo dependiera de ello.

Ahora, él ya no está conmigo y yo no estoy con él y entonces regreso a ese momento de mi infancia y, sólo quiero fugarme de nuevo.

Deja un comentario

Crea un blog o una web gratis con WordPress.com.

Subir ↑

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar